Nota: Bye, bye, ONG. Por: Gonzalo Fanjul

La historia la conocen de memoria: los recortes del gasto público y el deterioro de las economías familiares están actuando como una apisonadora en el sufrido sector de las ONG españolas. Se multiplican los despidos y los ERE, se cierran programas de atención pública y se vulneran compromisos establecidos en medio mundo, desde El Raval a Tegucigalpa. En un momento en el que los indicadores de pobreza y vulnerabilidad alcanzan niveles olímpicos, las organizaciones que hasta hace muy poco actuaban como red de seguridad echan el cierre por defunción, dejándose en el camino a miles de profesionales comprometidos y de voluntarios experimentados.

Las ONG tienen un grave problema, pero se engañarían si pensasen que su propia actitud no ha tenido nada que ver en el camino que les ha llevado hasta aquí.

Mientras buena parte de las organizaciones de la sociedad civil española se asemejaban peligrosamente a una subcontrata de las administraciones públicas, con niveles intolerables de dependencia, la sociedad real había decidido hacer la guerra por su cuenta. Las ONG han perdido el papel de intermediarias necesarias en el acceso a la realidad que pisan. Toda la información está al alcance de unos ciudadanos que se forman su propio punto de vista. El modo en el que las organizaciones tradicionales (no digo ya los paleolíticos sindicatos, sino las propias ONG) han sido ignoradas durante las movilizaciones del 15M debería ser objeto de un retiro espiritual del sector.

Más aún, la evaporación del Estado apunta a nuevas formas de comunitarismo en las que la sociedad organizada de manera informal es capaz de dar respuesta a algunos de sus problemas, y cuando lo hacen no siempre son bien recibidos. Fue ilustrativo, por ejemplo, el modo en el que la iniciativa de microfinanciación 90mn90d (de la que hablamos en este blog hace unos meses) fue calificada de intrusista por algunos de los mismos profesionales de las ONG que habían sido incapaces de realizar un llamamiento conjunto para responder a la crisis del Cuerno de África. Las disputas de marca y los recelos institucionales son tristemente familiares para cualquiera que haya trabajado en el sector.

¿Significa esto que la ira de San Cucufato está bien merecida y que todas las ONG deben ser sacrificadas en el altar de la crisis? De ningún modo. España cuenta con muchas organizaciones capaces y motivadas. Decenas de miles de excluidos y perdedores dan fe del compromiso insustituible de estas instituciones, cuyo papel y liderazgo es ahora más importante que nunca. Pero a estas alturas ya deberían saber que no hay modo de seguir funcionando con los mismos criterios, porque el contexto ha cambiado de forma definitiva.

Al estilo de Santo Tomás, les sugiero cinco vías de renovación para recuperar el pulso social en estos tiempos que llegan:

1. Garantizar la independencia que exige el liderazgo social: Las proclamas de las movilizaciones sociales son espontáneas, pero a menudo van de lo exótico a lo poco práctico. Necesitamos análisis, propuesta y estrategia para convertir la protesta social en verdadero motor de cambio. Ese es el valor añadido de unas organizaciones que renunciaron a su derecho de crítica durante estos años de socialismo y que ahora cargan con ese estigma.

2. Poner fin a los silos corporativos: ¿merece la pena mantener una distinción tan estricta entre la pobreza internacional y la de nuestro propio país? Con excepciones contadas, los sectores de la sociedad civil son una especie de tribus autistas, impidiendo a unos ganar de la experiencia, la influencia y las capacidades de otros.

3. Aprovechar una época de agregación: no hace falta inventar lo que ya existe. Las redes de colaboración organizadas con estructuras complementarias son más ágiles y menos vulnerables, tienen menos costes fijos y una mayor especialización. Esta especialización es una de las grandes bazas que pueden salvar al sector.

4. Garantizar la total transparencia en las cuentas y justificar el valor de los recursos que se piden: Se busca dinero en empresas e individuos que ahora exigen saber en qué se gasta cada céntimo de su donación, por pequeña que sea. Esta actitud caracteriza a una sociedad despierta, inconformista y capaz de hacer cosas por sí misma, así que solo podemos esperar que vaya a más.

5. Disparar la creatividad y la innovación social: muchos problemas se estancan por falta de recursos o voluntad política, pero cada vez son más los casos en los que los precedentes simplemente no existen. Como ilustrábamos hace poco hablando del problema del hambre en España, necesitaremos mejores ideas para resolver nuevas complejidades de la pobreza y la exclusión social.

Fuente: http://blogs.elpais.com/3500-millones/2012/02/bye-bye-ong.html

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Empresas y ONG ¿realmente pueden colaborar?

Esta semana asistí a un seminario sobre Alianzas para el desarrollo, Empresas y ONG. No voy a dar nombres porque no es mi intención denunciar sino, más bien, crear conciencia y sensibilizar, así que me limitaré a contar mis impresiones sobre este tipo de colaboración.

El seminario estaba organizado del siguiente modo: dos mesas con una ONG  (en ambos casos fueron ONG internacionales) y  empresas, 6 en total que también eran  internacionales.  Entonces en cada mesa, había una ONG con 3 empresas con las cuales mantenía alguna alianza de colaboración. Cada mesa comenzaba con la presentación de la ONG contando su filosofía, misión, tamaño y luego las empresas contaban qué hacía con la ONG en cuestión, desde cuándo y por qué.

Mis impresiones: Existe  una concepción errónea del papel de las empresas en el desarrollo y con la sociedad toda. La participación o el involucrarse con una ONG, es considerado como una cuestión de filantropía y trabajo social. De las 6 empresas que participaron ninguna mencionó su deber y responsabilidad para con la sociedad por el uso y en muchos casos abusos de los recursos globales.

Las alianzas corporativas que se presentaron en este seminario, esto no quiere decir que todas sean así, fueron entre empresas cuya actividad comercial nada tiene que ver con la misión de la ONG, por ejemplo, un banco en  alianza con una ONG para la infancia. ¿No sería más correcto un Banco en alianza con una ONG de micro emprendimientos o micro-finanzas?

Se supone que estas alianzas  son una colaboración entre dos partes, empresas y ONG, sin embargo los proyectos que se llevan a cabo no son de colaboración, o sea, de trabajo con, sino que las empresas actúan como un intermediario entre la sociedad y la ONG, por ejemplo, una empresa de muebles vende ositos de peluche y dona ese dinero a una ONG para la infancia, por supuesto que existe un aporte por parte de la empresa pero éste es mínimo, la mayor parte viene del consumidor. Por otra parte, la ONG aprovecha la empresa para sumar apoyos a su causa.

A pesar de la insistencia en la pregunta, ninguna empresa mencionó cómo influyen estas alianzas en su cadena de valor y, en caso que haya, cuáles son los cambios profundos que identifican a partir de tales alianzas de colaboración.

Por último, lo que más me llamó la atención, es que ningún empresario/empleado presente, sabía cuánto dinero su empresa invertía en RSC, lo cual me parece muy extraño y hasta falso.

Mis propuestas: las empresas deben hacer alianzas de cooperación con ONG en los países en los que actúa y sobre temas/actividades que la empresa controla.

En este tipo de colaboración, la riqueza que aporta la ONG es el respeto y los medios para actuar de manera responsable, tanto con la comunidad como con el medio ambiente y demás stakeholders. Y la riqueza que aporta la empresa, es el modelo de negocio sostenible y la practicidad.

La empresa se sirve de la ONG para mejorar o mantener su buena imagen y la ONG se sirve de la empresa por los fondos que le aporta. Máxima sinceridad en las intenciones que no tienen por qué ser malas.

Finalmente y para ir cerrando el tema, deben exigirse, por ambas partes, máxima transparencia y profesionalidad.

 

 

¿Qué es rendición de cuentas en las ong?

A raíz del post ¿Y la responsabilidad social de las ong?  Me llegaron muchos mensajes sobre la necesidad de una mayor rendición de cuentas por parte de estas organizaciones. En general planteaban una rendición de cuentas económica y ello me hizo pensar ¿por qué sólo económica? ¿Acaso la responsabilidad no abarca más que lo meramente financiero/económico?

Investigando sobre el tema, encontré un libro que realizo el Instituto de Innovación Social de  ESADE junto con la Fundación de  PwC dentro del marco del Programa ESADE–PwC de Liderazgo Social 2010-11. El libro se titula “Liderazgo orientado a resultados en las ONG” y (¡esto no es propaganda¡) recomiendo a todos aquellos que, de algún modo, están vinculados en la gestión de las ong.

Rápidamente, pretenden estudiar cómo pueden trabajar las organizaciones orientadas a resultados, medir lo que hacen y, sobre todo, medir su impacto a fin de legitimar su rol en la sociedad y mejorar y avanzar en la consecución de su misión. El libro, como les decía, es muy interesante y útil pero esta vez sólo tomaré prestado uno de los cambios en el entorno de las ong que tiene que ver con un aumento en la demanda social de una mayor rendición de cuentas.

Al leer la explicación que, seguramente, es el resultado de  varios años de investigación, la sociedad demanda una mayor transparencia sólo en lo económico, lo cual, tal como planteaba  en un comienzo, considero que es un peligro y un grave error pensar que “dar explicaciones” sólo debe referirse en este sentido porque en realidad se trata de algo mucho más que esto: consiste en explicar a todas las personas que están apoyando a la organización, y a la sociedad en general, qué se ha hecho durante un período de tiempo determinado. De alguna forma, se trata de ejercer, practicar y desarrollar la transparencia, o dicho de otra manera, de ser “creíbles”.

El término “responsabilidad”, indica “conservar la confianza del público al mismo tiempo que se es capaz de explicar las promesas hechas por la organización a las personas que la apoyan, todo ello sin alejarse de la misión y con prácticas de gestión correctas”.

En principio, se debería rendir cuenta sobre cinco aspectos que considero fundamentales:

• Área financiera/fiscal: explicar en detalle el uso que realiza la organización de todas aquellas aportaciones que recibe y el cumplimiento de todas las obligaciones legales que le corresponden.

• Área de gestión: Demostrar la utilización de procedimientos de gestión adecuados en su trabajo, con criterios de eficacia y de eficiencia.

• Área de actividades: Rendición de cuentas de cómo realiza sus actividades y proyectos para demostrar que trata de implementarlos siempre con niveles altos de calidad, y maximizando el resultado que reciben las personas usuarias/beneficiarias.

• Área estratégica: muy relacionada con la anterior, consiste en demostrar cómo enfoca la organización sus actividades de acuerdo con la misión y visión de dicha organización.

• Área directiva: explicar quiénes son las personas que forman sus órganos de gobierno, las personas que las dirigen.

Parafraseando el mencionado libro, las ong deben plantearse, por lo tanto, nuevas formas de legitimar su actividad y presencia, nuevas formas de demostrar que su participación en un mundo globalizado y multicausal tiene sentido. Esta demostración no solo debe tener voluntad de justificación externa, sino que debe contribuir a reforzar el sentido interno, a confirmar la razón de ser de muchas de estas organizaciones… las entidades deben replantearse no solo su rol, sino, muchas veces, su forma de organización y sus mecanismos de intervención.

Afortunadamente,  como dice Mafalda, lo bueno del año nuevo es que tenemos 12 meses para cambiar!

¿Y la responsabilidad social de las ong?

En estas últimas semanas dos noticias tuvieron toda mi atención, por un lado el caso de Urdangarín (yerno del Rey Juan Carlos I de España) quien utilizó su fundación de niños discapacitados y enfermos de cáncer para desviar dinero a paraísos fiscales de Belice y el Reino Unido, en total se calcula que ingresó al menos 420.000 euros en sólo dos años. Por otro lado, el caso de Madres de Plaza de Mayo (organización en defensa de los desaparecidos durante la última dictadura militar en Argentina 1976-1983)  y su apoderado, Sergio Schoklender, a quienes se los acusa de algo parecido, lavado de dinero de unos 300.000.000 de dólares  (210.000.00 de euros) procedentes del erario público para la construcción de viviendas sociales.

Esto son sólo ejemplos de una cuestión que me interesaría analizar más a fondo ¿Dónde está la responsabilidad social de las ong? ¿Por qué no hay control sobre sus actividades? ¿Dónde está la ética de sus directivos? Porque la ética de la responsabilidad no piensa sólo en la pureza de sus valores, sino en la autenticidad de sus actos, de ahí que todo acto de responsabilidad sea una llamada a la acción y al compromiso.

Entonces, si lo que define a una ONG es precisamente que, a partir de los principios que la sustentan, ha de emprender acciones que transformen y mejoren la sociedad, así como ejercitar algún grado de compromiso ¿qué estamos haciendo mal? ¿Cómo es posible que sucedan casos como los mencionados?

En mi opinión, es necesario establecer mecanismos de control sobre las actividades de las ong y, al igual que sucede con las empresas, fomentar una cierta competitividad y responsabilidad social entre ellas incorporando, por ejemplo, sellos de excelencia y  certificaciones, estableciendo ranking  o premios y galardones a las más responsables. Estos son algunos recursos con que las  ong, lejos de perder su identidad, avanzarían hacia una mejora en su gestión y transparencia.

Estamos a tiempo de que las ong fortalezcan y recuperen, cuando sea el caso, su legitimidad. Parafraseando al profesor Francisco Rey, esa legitimidad viene dada por varias razones:

  • Pertenencia
  • Rendición de cuentas
  • Independencia
  • Valor añadido

El tiempo dirá si son o no capaces de mantener su especificidad y los valores propios y autonomía que les dieron origen. Si consiguen definir su espacio, mejorar sus métodos de funcionamiento y vincular a cada vez más numerosos sectores sociales su existencia está garantizada. Y si no, habría que re inventarlas.